Como cambian los tiempos! Yo soy de la generación que vivimos junto a River alegrías al por mayor. Mis primeros contactos con el fútbol y los primeros recuerdos que tengo de River, son jugando con los cochecitos en la misma habitación que mi viejo escuchaba atentamente los partidos por la radio. Lentamente se fue convirtiendo en una costumbre dejar los cochecitos para empezar a preguntarle a mi viejo por los jugadores, por todo lo que pasaba y soñar con algo que parecía inalcanzable, ser parte de la fiesta, ser parte del Monumental. River era el sueño de todos los domingos y también se fue convirtiendo en los grandes abrazos con mi viejo porque corría el año 1975 y él, como todos los fanáticos de River, por fin lograba desahogarse de tantos años frustrantes.
Cuando perdimos la final de América en 1976 era muy pendejo para entender y por eso mi primera gran frustración (más allá de algún nacional que quedamos afuera) fue la final con Ferro que perdimos 3 a 0 el primer partido y después hicimos suspender la segunda final. Fue la primera vez que nos veíamos campeones y nos dieron un cachetazo. Así es el deporte, una cachetada provoca la reacción y así tuvimos al gran campeón de 1985/6. Esas debieran ser las tristezas en el deporte, inclusive cuando se fueron los grandes ídolos de aquellos años, era una mezcla de tristezas y satisfacción. Ver a Alonso campeón y retirarse con la ovación de su gente a cancha llena, o ver años después a Fillol que se retiró en el monumental “sacándonos” un título pero ovacionado por 70 mil personas o ver a Enzo retirarse de la misma forma que el Beto. ¿Quién puede decir que no derramó alguna lágrima de emoción en aquellas tardes? Pero no eran de dolor puro, tenían una grata mezcla de sensaciones que juntaba la lágrima con la sonrisa.
La etapa Aguilar nos sacó todo esto. Diría que los dolores empezaron a cambiar cuando empezamos a ver que pibes sin muchos partidos en primera división y que pintaban para alegrarnos muchas tardes, se iban a probar suerte al viejo continente. Crespo, Saviola, Aimar, Higuaín, Mascherano, Cavenaghi… te dejan el trago amargo de sentir que fue poco, es la ilusión que se rompe. Esta fue la primera etapa de un nuevo dolor permanente que no cicatriza porque no hay otro atrás que pueda calmar el dolor. Que difícil debe ser para los más pibes que tienen a estos chicos como ídolos y en vez de seguirlos los domingos en la fiesta Monumental vestidos con la banda sangre deben seguirlos por televisión con una camiseta del fútbol europeo.
El siguiente dolor al que nos acostumbró el maldito ex presidente Aguilaucha, fue no poder ver cada domingo un equipo que represente la historia del club. Era una camiseta histórica con un fútbol y un resultado diferente, el malandra nos sacó hasta la identidad. Lentamente y mansamente llegamos hasta el punto de dar vergüenza por las canchas argentinas y a la historia de River Plate.
Hoy estamos descubriendo un nuevo dolor. Estamos experimentando el dolor por los jugadores que nos dieron tantas alegrías y vemos como caen en un pozo importante y nosotros no podemos ni sabemos que hacer para ayudar. Lo que fue pasando con un ídolo y de los máximos goleadores históricos como Pinino Mas, o un jugador exquisito que formó parte en grandes planteles exitosos como Cáceres, o el accidente doloroso del enano Buonnanotte, o las recaídas permanentes de un ídolo como Ortega que hace que dejemos de pensar en las alegrías que pueda darnos en la cancha para rezar que encuentre una solución para una vida feliz, son dolores extraños pero es una seguidilla que lastima y que también deja cicatrices. Fue muy bueno ver al plantel portando una bandera de feliz cumple para Cáceres, como también lo es el aliento de la hinchada a nuestros jugadores cuando pasan por estos malos momentos.

Desde acá, todo nuestro apoyo para estas personas que tantas alegrías dieron a los hinchas de River dentro de la cancha y ahora no pasan por su mejor momento aunque sabemos que todavía tienen por delante los mejores momentos de sus vidas.
Fuerza! Y aunque sea duro y difícil, no bajen los brazos. Así como dentro de la cancha fueron exitosos, también lo serán fuera de ella y siempre van a encontrar hinchas agradecidos que cada vez tenemos más lugares donde expresarnos y desde donde pueden buscar una mano en los momentos que flaquean las fuerzas.
La gratitud y amor eternos, de quienes formamos parte de este blog.
Cuando perdimos la final de América en 1976 era muy pendejo para entender y por eso mi primera gran frustración (más allá de algún nacional que quedamos afuera) fue la final con Ferro que perdimos 3 a 0 el primer partido y después hicimos suspender la segunda final. Fue la primera vez que nos veíamos campeones y nos dieron un cachetazo. Así es el deporte, una cachetada provoca la reacción y así tuvimos al gran campeón de 1985/6. Esas debieran ser las tristezas en el deporte, inclusive cuando se fueron los grandes ídolos de aquellos años, era una mezcla de tristezas y satisfacción. Ver a Alonso campeón y retirarse con la ovación de su gente a cancha llena, o ver años después a Fillol que se retiró en el monumental “sacándonos” un título pero ovacionado por 70 mil personas o ver a Enzo retirarse de la misma forma que el Beto. ¿Quién puede decir que no derramó alguna lágrima de emoción en aquellas tardes? Pero no eran de dolor puro, tenían una grata mezcla de sensaciones que juntaba la lágrima con la sonrisa.
La etapa Aguilar nos sacó todo esto. Diría que los dolores empezaron a cambiar cuando empezamos a ver que pibes sin muchos partidos en primera división y que pintaban para alegrarnos muchas tardes, se iban a probar suerte al viejo continente. Crespo, Saviola, Aimar, Higuaín, Mascherano, Cavenaghi… te dejan el trago amargo de sentir que fue poco, es la ilusión que se rompe. Esta fue la primera etapa de un nuevo dolor permanente que no cicatriza porque no hay otro atrás que pueda calmar el dolor. Que difícil debe ser para los más pibes que tienen a estos chicos como ídolos y en vez de seguirlos los domingos en la fiesta Monumental vestidos con la banda sangre deben seguirlos por televisión con una camiseta del fútbol europeo.
El siguiente dolor al que nos acostumbró el maldito ex presidente Aguilaucha, fue no poder ver cada domingo un equipo que represente la historia del club. Era una camiseta histórica con un fútbol y un resultado diferente, el malandra nos sacó hasta la identidad. Lentamente y mansamente llegamos hasta el punto de dar vergüenza por las canchas argentinas y a la historia de River Plate.
Hoy estamos descubriendo un nuevo dolor. Estamos experimentando el dolor por los jugadores que nos dieron tantas alegrías y vemos como caen en un pozo importante y nosotros no podemos ni sabemos que hacer para ayudar. Lo que fue pasando con un ídolo y de los máximos goleadores históricos como Pinino Mas, o un jugador exquisito que formó parte en grandes planteles exitosos como Cáceres, o el accidente doloroso del enano Buonnanotte, o las recaídas permanentes de un ídolo como Ortega que hace que dejemos de pensar en las alegrías que pueda darnos en la cancha para rezar que encuentre una solución para una vida feliz, son dolores extraños pero es una seguidilla que lastima y que también deja cicatrices. Fue muy bueno ver al plantel portando una bandera de feliz cumple para Cáceres, como también lo es el aliento de la hinchada a nuestros jugadores cuando pasan por estos malos momentos.

Desde acá, todo nuestro apoyo para estas personas que tantas alegrías dieron a los hinchas de River dentro de la cancha y ahora no pasan por su mejor momento aunque sabemos que todavía tienen por delante los mejores momentos de sus vidas.
Fuerza! Y aunque sea duro y difícil, no bajen los brazos. Así como dentro de la cancha fueron exitosos, también lo serán fuera de ella y siempre van a encontrar hinchas agradecidos que cada vez tenemos más lugares donde expresarnos y desde donde pueden buscar una mano en los momentos que flaquean las fuerzas.
La gratitud y amor eternos, de quienes formamos parte de este blog.
Por Charro.









